"Si lo hubieras hecho vos, sería un acto vandálico. Pero como lo hizo un concejal, está todo OK", dice uno.

"¿Qué van a poner ahí? ¿Tachos de basura?", pregunta un vecino mientras conversa con un vendedor ambulante en la esquina de Mendoza y Muñecas.

"Yo pisé varias cruces en veredas sanas y varias baldosas flojas sin ninguna cruz", dice otro.

¿Qué nos están contando esas cruces blancas que aparecieron el viernes en el microcentro? Su autor, el concejal José Luis Avignone, dice que es para prevenir que se peguen un golpe los transeúntes con visión disminuida, aunque en realidad huele más a una acción sarcástica ante la falta de controles de la Municipalidad. ¿Falta de controles? De ninguna manera: el subsecretario de Planificación Urbanística, Luis Lobo Chaklián, dejó muy en claro que la Municipalidad cumple con su deber: dijo que se hacen ¡250! notificaciones por mes a los frentistas, responsables del estado de las veredas. Y listo, hasta ahí llega la misión oficial... porque las cosas siguen igual.

¿Cómo seguirá todo esto? Habrá que llamar un escuadrón bastante nutrido para pintar cruces blancas en la frente de los vendedores ambulantes, en las veredas sin rampa para los discapacitados, en los cordones cuneta llenos de agua-de-panchuque que tiran los puesteros, en los semáforos desincronizados, en los inspectores de Tránsito cultores del "cómo-podemos-arreglar". También habría que ir con aerosoles a granel a los barrios, a pintar -ahí sí- las veredas rotas, las cloacas rebalsadas y los basurales clandestinos.

Aprovechemos la época de sequía: las pintadas van a durar un ratito más.